martes, 20 de junio de 2017

El hombre tranquilo

Se ha cruzado en mi camino un reflejo de John Wayne. Tengo clavado en la memoria el primer recuerdo de una imagen contundente barrando mi paso ligero. Calmado y lento, su paso ocupaba la acera. Pululaban las hadas a su alrededor.

martes, 5 de julio de 2016

Parecidos razonables

Me comparo. Me esfuerzo en encontrar los parecidos. Haberlos hailos, pero menos de los deseados. Es infinitamente más fácil encontrar las diferencias.

Las diferencias físicas son las más evidentes. Ella es alta y fuerte, muy fuerte. También tiene un pelo lacio y castaño claro. Tiene la piel clara, pero más resistente.

Las diferencias emocionales son más difíciles de encontrar. Ella no es tan fuerte. Su vida interior no le permite sostenerse en ella misma. La desconfianza, propia y del mundo exterior, la somete a la tiranía de la soledad, pero también de la desesperación que se produce cuando el Mundo no es cómo tiene previsto. Cuando aparece el fracaso, también lo hacen la frustración y el llanto.

Y los parecidos están algo ocultos. La timidez qua ambas seguimos y seguiremos superando toda nuestra vida. La vergüenza ante el halago. La responsabilidad ante cualquier movimiento en la vida. El mudismo selectivo.

Pero la admiración sobrevuela semblanzas y divergencias. El Amor la ensalza.

martes, 5 de abril de 2016

La Noche

Me paso los días esperando el resguardo de la noche. Me paso las noches esperando el calor del día. Así somos los humanos, eternamente descontentos. Inconformistas.

Pero sí. Cuando el cielo está oscuro, pienso mejor. Me inspiran la soledad y el silencio. También me inspiras tú. Te imagino."Disfruto echándote de menos". Me siento bien soñando despierta.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Bendita cabeza

Desde las primeras palabras sentí unas notas de melancolía. Tal vez de desesperanza. Había llegado el día pero no podía partir. No podía.Y la impotencia desarrolla la rabia más profunda. 

En realidad sí podía pero no le dejaban marchar. Tantos días esperando y las brujas montaron en cólera. No son amigas de la constancia, ni del trabajo. Se rebelaron contra tanta perseverancia. Dejaron caer la fuerza de su enfado en forma de agua, de rayos y truenos.

sábado, 26 de marzo de 2016

Lo que te diría si fuese más valiente que tú

Lo que te diría este día de final de Marzo. Cuando la primavera ya está aquí.

Que no me he enfadado. Al menos no contigo. Que estoy triste. Muy triste. Y que me imagino que tú lo sabes. Que hoy me voy a dejar llorar y mañana ya no. Mañana  yo dominaré la situación otra vez.

Que he entendido los mensajes. Incluso aunque tú mismo no los hayas entendido, que creo que sí; que como yo, eres cobarde, y no te atreves a decirlo en voz alta, pero lo sabes. Y el sentido de los mensajes es el correcto.

Que no me debo dejar engañar mañana o el miércoles. Ni hoy tampoco. Siento tranquilidad cuando pienso que le estoy dando demasiada importancia a esto. Que tú no se la das. Que no quiere decir nada. Que piensas igual que hace unas semanas. Pero cuando utilizo la parte inteligente de mi cerebro, no la emocional, sé que no es así. No lo es que después de tantos días no tengamos otras cosas que compartir.

Insisto: los besos no se piden. No hay nada más triste que mendigar el cariño.

Café solo. Sin leche ni azúcar.

viernes, 25 de marzo de 2016

Retratos: adolescencia

No debía ser C el primer personaje de mi serie. Al menos no cronológicamente hablando. Pero está aquí por derecho propio. Por el derecho que yo le otorgo.
Soy incapaz de ponerle fecha a nuestro primer encuentro, aunque debió ser Septiembre, o tal vez Octubre, del año  1985... ¡bufff! Tampoco puedo ponerle fecha a algunos recuerdos imborrables que guardo de nuestra adolescencia. Por ejemplo: un baile en un cumpleaños, unos ojos entornados en El Campo de Marte, un escondite en la oscuridad junto al Mar, el Sol intenso en la playa, una caseta en el campo, la casa de sus padres, el espigón en invierno, el campo de atletismo, el autobús del colegio... Pero tal vez los recuerdos más intensos son los de las emociones contenidas. Los de la rabia, los de la cola del cine a solas, los de las notas en clase, los de las cartas nocturnas, los de las fidelidades mal entendidas, los de los héroes ocultos...
Tardamos tres años y medio en ordenar nuestro cerebro. O mejor, debería decir, que dedicamos todos esos meses a desordenarlo repetidamente, hasta encontrar el equilibrio, el mal llamado equilibrio perfecto. Ese tiempo nos sirvió para aprender a avanzar al mismo paso, para sentirnos colegas, compañeros, amigos... Y nos dedicamos a construir juntos nuestro futuro. Fue la época más feliz de mi Vida. Por él y por otras razones. Después de alterarme más que nadie, de demostrarme que la gente sí puede enamorarse (aunque sea sólo una vez), de hacerme llorar y reír, de aprender juntos lo que está bien y lo que está mal, de enseñarme la fuerza de las olas y el ruido que provocan, de que el corazón por más que lata nunca se sale del pecho.... después de todo eso, se acabó.

Hasta que yo lo rompí. O simplemente lo dejé caer y lo ignoré. Extrañamente, a él le llegó el tiempo de la responsabilidad y a mi el de la locura. Y así, perdí el norte y con él al Amor de Mi Vida.

Años después hemos vuelto a encontrarnos.

Perdón, debo decir que años después lo busqué y lo encontré.

Y hemos vuelto a cruzar nuestros caminos varias veces. Nos hemos contado la vida y nos la hemos recordado. También nos hemos apadrinado y consolado. Incluso hemos llegado a transitar en paralelo durante varios meses. Y con esto aprendí que el Amor se acaba de Verdad. Que lo que la juventud y las hormonas cultiva, la edad lo desmerece. 

Y no sé cómo acaba esta historia, que seguramente no llegue a ningún final, aunque no tenga más capítulos...

domingo, 28 de febrero de 2016

El día que me faltes

No quiero tener que superar tu pérdida.

Sé desde antes de empezar que llegará un momento en que tendré que seguir el duelo de separarme de ti. Aun así he asumido el riesgo de seguir adelante, de incorporarme a esa corriente violenta que me ha arrastrado hasta la catarata.

Decidí no pensar, decidí vivir. Pocas veces hago esto, cada vez más, de dejarme guiar por el instinto y no por la razón. Pero en el fondo no hay más riesgo que el de acabar un día. 

Y no quiero que ese miedo se haga realidad. Así que no pienso en ello ni para evitarlo. Llévame dónde sea que no se acaben las historias de dos y permanezcamos tiempo allá.

sábado, 27 de septiembre de 2014

El cielo protector

Hoy me acordé de ti y de cuanto me querías.

Lo supe. Podía sentir tu corazón acelerado y tus melancolías. Sin pedírtelo hacías aquello que me interesaba, siempre lo que más me gustaba. No sé si me observabas y me conocías mejor que yo. O, tal vez, soy lo que soy por lo que tú me enseñaste. Pero yo no estaba interesada en ti. Aunque tus valores eran los míos y tus aventuras también, mis ojos miraban en otra dirección. Mi compañero, mi amigo, no podías ser mi amor. Eso no se decide. Ni tus esfuerzos, ni tus sentimientos pudieron influir en mi corazón. Algunas veces me sentía culpable, otras me consolaba pensando que tal vez eran mi imaginación y mi orgullo que me hacían inventar tus atenciones.

Y la vida nos separó. O quizás no fue la vida, sino tu elección. No querías ser testigo de mi felicidad.

Sé de ti que tienes una vida completa. Con sus ocupaciones, como todas. Que no has dejado de ser especial. Que tus hijas y tu mujer ocupan tu vida. Pero también he confirmado que una vez fui el amor de tu vida y soy feliz recordándolo. Sabiendo que fui especial para alguien. Que hoy sé darle a tu cariño todo el valor que tuvo, a tus noches de insomnio, a nuestras citas de amigos, a nuestros proyectos juntos. La vida da muchas vueltas, pero no voy a dejar perder esa emoción. La guardo en una caja fuerte dentro de mi. Es parte de mi vida (también de la tuya) y hoy sé cuan valioso, escaso y preciado es ese material llamado Amor.

Café con vainilla.

domingo, 17 de agosto de 2014

Pasividad

No  sé por qué somos capaces de continuar nuestra vida como si nada estuviera pasando, cuando matan a  famílias enteras cada día en el salón de nuestras casas.
Definitivamente no entiendo al género humano.

domingo, 30 de marzo de 2014

Vértigo

La civilización occidental nos programa. Supongo que la cultura judeocristiana en que hemos sido educados (y de la cual no reniego) nos propone un camino del bien trazado cuando nacemos y que debemos intentar seguir. Aunque la vida ya no está tan dirigida, lo cierto es que nos ponemos metas en la vida más o menos conscientes. Yo sólo me he pedido a mi misma elegir yo esos objetivos. Estar segura de que si los tengo es porque yo los puse allí. Que no me vinieron dados. Es decir, que si coinciden con los convenios sociales bien, y si no, también. Mis metas son mías, solo mías. Y yo las cumplo, o las abandono. Nadie me obliga.
Y ahora he cruzado una de las metas de mi vida. Una de ellas. Ni más ni menos valiosa que otras. Mil veces menos importante que tener a mi hija, aunque mucho más planificada. Eso si, se trata de una meta pública. Que otros pueden ver y reconocer. 

Me dejo llevar por la satisfacción del reconocimiento con cierto temor contenido. Como todo en mi vida. Bien, muy bien, pero... Alguien que me conoce bastante me ha recordado mi incapacidad para celebrar los éxitos. Le he negado que tenga razón, pero pienso en ello. Voy a tener que esforzarme en hacer algo especial. Sí lo disfruto internamente, pero no lo sé expresar. No importa por qué. Cada uno es como es y a pesar de todo soy feliz.

Quiero hacer una celebración especial con mis padres, pero también quiero hacerme una a mi misma. Estoy empezando a planificar mi autofiesta. También, y no menos importante, mi próxima meta. Tango varias: familiares, deportivas, personales... También profesionales, porque aunque el camino se hace al andar, hay que tener los ojos bien puestos en el horizonte. Y en el fondo, en el fondo, a pesar de que hoy le pueda parecer a alguien todo lo contrario, le agradezco mucho a Dios  que no me hiciera ambiciosa.