sábado, 27 de septiembre de 2014

El cielo protector

Hoy me acordé de ti y de cuanto me querías.

Lo supe. Podía sentir tu corazón acelerado y tus melancolías. Sin pedírtelo hacías aquello que me interesaba, siempre lo que más me gustaba. No sé si me observabas y me conocías mejor que yo. O, tal vez, soy lo que soy por lo que tú me enseñaste. Pero yo no estaba interesada en ti. Aunque tus valores eran los míos y tus aventuras también, mis ojos miraban en otra dirección. Mi compañero, mi amigo, no podías ser mi amor. Eso no se decide. Ni tus esfuerzos, ni tus sentimientos pudieron influir en mi corazón. Algunas veces me sentía culpable, otras me consolaba pensando que tal vez eran mi imaginación y mi orgullo que me hacían inventar tus atenciones.

Y la vida nos separó. O quizás no fue la vida, sino tu elección. No querías ser testigo de mi felicidad.

Sé de ti que tienes una vida completa. Con sus ocupaciones, como todas. Que no has dejado de ser especial. Que tus hijas y tu mujer ocupan tu vida. Pero también he confirmado que una vez fui el amor de tu vida y soy feliz recordándolo. Sabiendo que fui especial para alguien. Que hoy sé darle a tu cariño todo el valor que tuvo, a tus noches de insomnio, a nuestras citas de amigos, a nuestros proyectos juntos. La vida da muchas vueltas, pero no voy a dejar perder esa emoción. La guardo en una caja fuerte dentro de mi. Es parte de mi vida (también de la tuya) y hoy sé cuan valioso, escaso y preciado es ese material llamado Amor.

Café con vainilla.