jueves, 25 de octubre de 2012

Mi egoismo te ha echado de menos

No era necesidad, pero quería explicarte por qué pensé que me traicionabas al darme cuenta de que no me necesitabas.

Cuando no creo en el Amor soy feliz, aunque me apena que el género humano esté condenado a la soledad. Cuando tímidamente me dejo llevar por el tobogán de los sentimientos acabo estrellándome contra la realidad. Supero fácilmente la duda de que tal vez no te quiera, pero no puedo sobrevivir a la sospecha de que tú no me quieras a mi. De que duermas, comas y respires sin morir por mi.

jueves, 18 de octubre de 2012

El criadero de alacranes


De uvas a peras pasamos por allí. Pero de muchas uvas a muchas peras. Tantas, que la conversación se repite casi literal y somos incapaces de recordarla. Sólo yo creo darme cuenta que cada año revivo el mismo "deja vu".

En las contadas ocasiones en que el azar nos acerca al secarral de la montaña nos recordamos unos a otros lo que ya sabemos... " por aquí está el cridero de alacranes de papá". Ni es un criadero, ni jamás nadie vió un alacrán en él, ni tan siquiera podemos estar seguros de que sea de papá. De hecho, a buen seguro, si quisiéramos demostrar la propiedad de ese terreno no podríamos hacerlo. Posiblemente porque nunca fue nuestro. En la era del conocimiento digital a mi no se me ocurriría demostrar que yo soy yo o que tengo un derecho, aportando un papel. Y sin embargo, tengo unos papeles, o mejor, "escrituras", que demuestran que mi casa es mia y que guardo como oro en paño. Es decir, que necesitamos unas escrituras que por supuesto no tenemos. 

Y me repite la misma historia: que "Fulanito" nos convenció que era un buen negocio, que lo parecía de verdad, que fíjate que sitio tan bueno, que mira qué vistas, que otra mucha gente se metió, que ya habían empezado a urbanizar. Y siempre nos prometemos que la próxima vez pararemos para verlo mejor y delimitar el espacio y sacar un plano. Seguremente, depués podremos hacernos una casa de estilo africano para disfrutar de la vista y pasaremos allí las vacaciones. Además tendremos una preciosa terraza con vistas al Mediterráneo para cenar. Y en las noches de Luna llena no podremos ver las estrellas, pero las otras sí. Y nos compraremos un telescopio que nos servirá para ver los barcos que viajan a Marruecos. Y será el sitio ideal para escribir una novela.

¡Despierta, cariño, que ya llegamos! Te has dormido justo cuando pasamos junto al criadero de alacranes de Papá...

sábado, 6 de octubre de 2012

El equipo


Hace doce meses que empezamos a ser compañeros. Tal vez nos habíamos ido encontrado antes por este larguísimo camino de ser padres, pero el deporte nos ha involucrado en un proyecto común que tiene parada cada fin de semana. Y allí nos podías ver, con cierta distancia, compartiendo nervios, preocupaciones y anhelos (cada uno a su medida). 


Mirando de lejos me preguntaba qué teníamos en común. Cada jugador, cada familia que lo acompaña, tienen su propia historia. A parte de seguir a los que más queremos, no veía yo que tuviéramos esos padres y yo nada parecido. Está el silencioso tímido, risueño y responsable. Está el pacificador experimentado que nos va informando. Está el impaciente, ruidoso y nervioso. Está la Mamá voluntarista y colaboradora. Está la transparente, que todo lo explica. Está la tristona, ocupada y  cansada. Algunos niños-hermanos son también asiduos. Y así me encontré intentando recordar nombres y asociar hijos a padres. Poniendo a prueba a mi memoria. Buscando palabras amables para salir de mis silencios y pensando si dejar escapar mis nervios durante los partidos o mantener la discreción y la distancia. Poco a poco me fui relajando y descubriendo cómo mi adrenalina se puede alterar aunque sea en una liga infantil mañanera. Me gusta ver este deporte. Nunca he tenido condiciones para practicarlo, pero los valores del trabajo en equipo y la tensión en la pista me mantienen en vilo. A final, la vergüenza se fue diluyendo, aunque seguí sin identificar más que unos pocos puntos en común entre esos nuevos compañeros y yo.

Y hoy nos hemos vuelto a encontrar. La liga ya empezó. Sé que aún somos diferentes, pero qué extraño; hoy pensé que la familia había vuelto, que volvíamos a estar juntos y me sentí casi entre amigos. Eché de menos a alguno, incluso. Los seres humanos somos animales de costumbres y parece que este equipo está ya entre las mias. 

No me quiero engañar, los miedos siguen estando ahí. Nunca sabré lo que piensan los demás y no me gustaría que tuviéramos etiquetas por culpa de nuestra situación familiar o por mi forma de ser, pero no se puede (tampoco quiero) ocultar la realidad. Así que compartiré con estos amigos muchas semanas, porque esta aventura será larga, sospecho. Quiero que mi hija disfrute y supere etapas. El deporte es ideal para su cuerpo. Compartir y luchar es aún mejor para su espíritu. Ella decidirá cuando pone fin a esto, mientras tanto, espero tener muchos más sábados para conocer y aprender de mis compañeros.