Sílvia y Alícia son dos de esas personas en mi propia vida. Y son admirables las dos. He desarrollado por ambas cariño y admiración. Quiero que se queden en mi vida, para seguir aprendiendo. Quiero poder mantener más conversaciones y reflexiones serenas con ellas. Me gustaría poder ofrecerles de vuelta lo que ya me han dado y probablemente no les he agradecido nunca. No se conocen y previsiblemente no lo harán nunca. Pertenecen a mundos distintos, pero si un día coincidieran, se respetarían y se querrían como hermanas. Estoy segura. Son mujeres luchadoras, que se han encontrado con traumas en sus vidas o con situaciones muy dolorosas en momentos que no les tocaban. Eso las ha hecho fuertes y las convierte en ejemplos de superación. Lo mejor es que han decidido aplicar para siempre el espíritu positivo. Con una sonrisa en los labios su respuesta habitual es que están bien. Pero cuando vas un poco más allá te explican, con sencillez y sin demagogia barata, cómo se enfrentan a las situaciones de cada momento. Cuando les preguntas de dónde sacan fuerzas para ser ellas el sostén de tantos otros relativizan su trabajo. Entonces, de sus bocas no deduces que sean heroínas, pero yo sé que lo son. Pertenecen a generaciones muy distintas, con décadas de diferencia entre sus edades; con familias de procedencias geográfica, económica e ideológicamente muy distantes. Pero han sido precisamente sus familias y lo que de ellas aprendieron lo que las ayudó a ser cómo son. Ambas valoran y admiran lo que sus padres les dejaron: el valor del esfuerzo y el respeto. No quiero ser demasiado feminista: también las dos han admirado o admiran a algunos hombres que han tenido junto a ellas, pero saben cuál es su propia responsabilidad y mérito sin esperar que nadie las conduzca, sino que camine junto a ellas. Y no nos equivoquemos, son muy exigentes con los que tienen a su alrededor. Algunas veces no comprenden que los demás no sean tan responsables como ellas.
Sé que por fuera parecen diferentes, pero por dentro Alícia y Sílvia están hechas de la misma pasta, del material que están fabricados los héroes. Son mi prueba de que vale la pena seguir creyendo en el género humano.