miércoles, 30 de marzo de 2016

Bendita cabeza

Desde las primeras palabras sentí unas notas de melancolía. Tal vez de desesperanza. Había llegado el día pero no podía partir. No podía.Y la impotencia desarrolla la rabia más profunda. 

En realidad sí podía pero no le dejaban marchar. Tantos días esperando y las brujas montaron en cólera. No son amigas de la constancia, ni del trabajo. Se rebelaron contra tanta perseverancia. Dejaron caer la fuerza de su enfado en forma de agua, de rayos y truenos.

sábado, 26 de marzo de 2016

Lo que te diría si fuese más valiente que tú

Lo que te diría este día de final de Marzo. Cuando la primavera ya está aquí.

Que no me he enfadado. Al menos no contigo. Que estoy triste. Muy triste. Y que me imagino que tú lo sabes. Que hoy me voy a dejar llorar y mañana ya no. Mañana  yo dominaré la situación otra vez.

Que he entendido los mensajes. Incluso aunque tú mismo no los hayas entendido, que creo que sí; que como yo, eres cobarde, y no te atreves a decirlo en voz alta, pero lo sabes. Y el sentido de los mensajes es el correcto.

Que no me debo dejar engañar mañana o el miércoles. Ni hoy tampoco. Siento tranquilidad cuando pienso que le estoy dando demasiada importancia a esto. Que tú no se la das. Que no quiere decir nada. Que piensas igual que hace unas semanas. Pero cuando utilizo la parte inteligente de mi cerebro, no la emocional, sé que no es así. No lo es que después de tantos días no tengamos otras cosas que compartir.

Insisto: los besos no se piden. No hay nada más triste que mendigar el cariño.

Café solo. Sin leche ni azúcar.

viernes, 25 de marzo de 2016

Retratos: adolescencia

No debía ser C el primer personaje de mi serie. Al menos no cronológicamente hablando. Pero está aquí por derecho propio. Por el derecho que yo le otorgo.
Soy incapaz de ponerle fecha a nuestro primer encuentro, aunque debió ser Septiembre, o tal vez Octubre, del año  1985... ¡bufff! Tampoco puedo ponerle fecha a algunos recuerdos imborrables que guardo de nuestra adolescencia. Por ejemplo: un baile en un cumpleaños, unos ojos entornados en El Campo de Marte, un escondite en la oscuridad junto al Mar, el Sol intenso en la playa, una caseta en el campo, la casa de sus padres, el espigón en invierno, el campo de atletismo, el autobús del colegio... Pero tal vez los recuerdos más intensos son los de las emociones contenidas. Los de la rabia, los de la cola del cine a solas, los de las notas en clase, los de las cartas nocturnas, los de las fidelidades mal entendidas, los de los héroes ocultos...
Tardamos tres años y medio en ordenar nuestro cerebro. O mejor, debería decir, que dedicamos todos esos meses a desordenarlo repetidamente, hasta encontrar el equilibrio, el mal llamado equilibrio perfecto. Ese tiempo nos sirvió para aprender a avanzar al mismo paso, para sentirnos colegas, compañeros, amigos... Y nos dedicamos a construir juntos nuestro futuro. Fue la época más feliz de mi Vida. Por él y por otras razones. Después de alterarme más que nadie, de demostrarme que la gente sí puede enamorarse (aunque sea sólo una vez), de hacerme llorar y reír, de aprender juntos lo que está bien y lo que está mal, de enseñarme la fuerza de las olas y el ruido que provocan, de que el corazón por más que lata nunca se sale del pecho.... después de todo eso, se acabó.

Hasta que yo lo rompí. O simplemente lo dejé caer y lo ignoré. Extrañamente, a él le llegó el tiempo de la responsabilidad y a mi el de la locura. Y así, perdí el norte y con él al Amor de Mi Vida.

Años después hemos vuelto a encontrarnos.

Perdón, debo decir que años después lo busqué y lo encontré.

Y hemos vuelto a cruzar nuestros caminos varias veces. Nos hemos contado la vida y nos la hemos recordado. También nos hemos apadrinado y consolado. Incluso hemos llegado a transitar en paralelo durante varios meses. Y con esto aprendí que el Amor se acaba de Verdad. Que lo que la juventud y las hormonas cultiva, la edad lo desmerece. 

Y no sé cómo acaba esta historia, que seguramente no llegue a ningún final, aunque no tenga más capítulos...