martes, 31 de julio de 2012

Sueños

Hace ya muchos años alguien me bautizó con un mote que habría de ser una premonición. Me llamó "la Niña de los Sueños Cortos". Cierto es que lo de  "Niña" ya no aplica, si acaso en el género. Pero lo de los "Sueños Cortos" ha sido y seguirá siendo cierto. En todas sus acepciones.

Mis noches son cortas. Al menos en el tiempo que dedico a Morfeo. Y es triste, porque considero que dormir es uno de los elixires de la salud y la belleza. Pero ya sea porque estiro la vida en los ocasos o porque quiero convertir las noches en tardes, pero no consigo ponerle los títulos de crédito a mis jornadas hasta que las campanadas de la media noche han anunciado ya una fecha distinta en el calendario y aún horas después. Además, me acaban de explicar que la capacidad de memorizar de una persona es directamente proporcional a las horas que duerme. Eso explica muchas cosas, sobre todo por qué nunca consigo recordar nada. Olvido las menudencias, pero también las cosas importantes. Mi cabeza no llega a recargar por las noches las pilas de almacenamiento mental ¡Y así me va!

Pero también mis anhelos son cortos. A menudo recuerdo una frase reciente que me dedicaron en el trabajo: no eres lo suficiente ambiciosa. Y creo que es cierto: las también virtudes, flexibilidad y capacidad de adaptación al medio, me han hecho una superviviente casi profesional, pero han mermado mi capacidad de mantener los objetivos. Suerte que la tozudez, mantiene cierta constancia en mis líneas de actuación. Pero en realidad no soy una persona con grandes ideales y metas. Y así, adaptándome a la vida, voy cambiando también de sueños y hago caducos los pasados, mientras creo nuevas historias que a penas duran una noche...

sábado, 14 de julio de 2012

Adiós muchachos

El corporativismo debe ser algún tipo de reacción humana destinada a la supervivencias de la especie, o del colectivo. En particular, los hombres lo tienen más desarrollado y se defienden los unos a los otros. Estoy segura de que no son capaces de identificarse unos con otros. Es decir, no se ponen en el sitio del compañero y así identifican sus sentimientos y por eso se apoyan. En realidad confían ciegamente y cuando se dan cuenta que uno es atacado, sin más reflexiones, lo defienden. Ayer busqué esa explicación a mi desgracia. Probablemente me lo inventé, pero esa es la mejor razón para entender por qué se comportan como lo hacen: por corporativismo masculino.
Cuando un individuo está junto a una chica, hace falta un poco de tiempo y un análisis para saber las posibilidades reales de esa noche. Pero ellos no dedican ni un minuto a averiguarlo. Lentamente van creando una distancia entre la pareja y el entorno. No preguntan, no piensan si les parece bien o no. Tienden a facilitar la caza del compañero, incluso aunque él no quiera cazar. Por instinto natural dejan su camino libre. ¿Por qué sentí que los demás me veían como una presa? Aunque él y yo sabíamos que no era esa la finalidad de nuestra conversación, el corporativismo ahogó nuestras opciones. Adiós. Vacío a nuestro alrededor. Mi propia caza se acabó.
Hoy he sentido soledad. He estado así muchas veces, pero hoy no lo elegí. La depresión no me la provoca el no poder cumplir mi deseo de estar contigo, si no la constancia de que hoy no he podido elegir nada más que estar sola.

Todos menos tú

El destino no se ha portado tan mal. Me ha dado la oportunidad de trabajarlo y no he sabido. Al final me estiraba de los pelos de pura rabia. Me ignorabas...
He escuchado atentamente las instrucciones. Pero no eran las de abrir tu caja de Pandora.
He aprendido algunas realidades. Me gusta que el Mundo esté lleno de gente que inventa nuevas formas de ser feliz. Yo quiero inventar mis formas.