El corporativismo debe ser algún tipo de reacción humana destinada a la supervivencias de la especie, o del colectivo. En particular, los hombres lo tienen más desarrollado y se defienden los unos a los otros. Estoy segura de que no son capaces de identificarse unos con otros. Es decir, no se ponen en el sitio del compañero y así identifican sus sentimientos y por eso se apoyan. En realidad confían ciegamente y cuando se dan cuenta que uno es atacado, sin más reflexiones, lo defienden. Ayer busqué esa explicación a mi desgracia. Probablemente me lo inventé, pero esa es la mejor razón para entender por qué se comportan como lo hacen: por corporativismo masculino.
Cuando un individuo está junto a una chica, hace falta un poco de tiempo y un análisis para saber las posibilidades reales de esa noche. Pero ellos no dedican ni un minuto a averiguarlo. Lentamente van creando una distancia entre la pareja y el entorno. No preguntan, no piensan si les parece bien o no. Tienden a facilitar la caza del compañero, incluso aunque él no quiera cazar. Por instinto natural dejan su camino libre. ¿Por qué sentí que los demás me veían como una presa? Aunque él y yo sabíamos que no era esa la finalidad de nuestra conversación, el corporativismo ahogó nuestras opciones. Adiós. Vacío a nuestro alrededor. Mi propia caza se acabó.
Hoy he sentido soledad. He estado así muchas veces, pero hoy no lo elegí. La depresión no me la provoca el no poder cumplir mi deseo de estar contigo, si no la constancia de que hoy no he podido elegir nada más que estar sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario