martes, 31 de julio de 2012

Sueños

Hace ya muchos años alguien me bautizó con un mote que habría de ser una premonición. Me llamó "la Niña de los Sueños Cortos". Cierto es que lo de  "Niña" ya no aplica, si acaso en el género. Pero lo de los "Sueños Cortos" ha sido y seguirá siendo cierto. En todas sus acepciones.

Mis noches son cortas. Al menos en el tiempo que dedico a Morfeo. Y es triste, porque considero que dormir es uno de los elixires de la salud y la belleza. Pero ya sea porque estiro la vida en los ocasos o porque quiero convertir las noches en tardes, pero no consigo ponerle los títulos de crédito a mis jornadas hasta que las campanadas de la media noche han anunciado ya una fecha distinta en el calendario y aún horas después. Además, me acaban de explicar que la capacidad de memorizar de una persona es directamente proporcional a las horas que duerme. Eso explica muchas cosas, sobre todo por qué nunca consigo recordar nada. Olvido las menudencias, pero también las cosas importantes. Mi cabeza no llega a recargar por las noches las pilas de almacenamiento mental ¡Y así me va!

Pero también mis anhelos son cortos. A menudo recuerdo una frase reciente que me dedicaron en el trabajo: no eres lo suficiente ambiciosa. Y creo que es cierto: las también virtudes, flexibilidad y capacidad de adaptación al medio, me han hecho una superviviente casi profesional, pero han mermado mi capacidad de mantener los objetivos. Suerte que la tozudez, mantiene cierta constancia en mis líneas de actuación. Pero en realidad no soy una persona con grandes ideales y metas. Y así, adaptándome a la vida, voy cambiando también de sueños y hago caducos los pasados, mientras creo nuevas historias que a penas duran una noche...

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