Este fin de semana he hecho un "Stand by". Me he limitado a mirar a mi alrededor y dormitar. Reuperar la paz del verano y, espero, coger carrerilla para el próximo sprint. No me arrepiento. Hacer ejercicio me relaja el espíritu, creo.
Como echo de menos a mi niñita...
Café con leche fresquito.
domingo, 28 de agosto de 2011
martes, 16 de agosto de 2011
Lo mejor de las subidas son las bajadas
Ayer sentí que fracasaba. Y era cierto. Me puse un objetivo y no lo cumplí. Me sentí fatal al darme cuenta. Abandoné fundamentalmente por pereza a viajar sola. Tenía otras razones menores, pero esa fué la real. Darme cuenta de que una debilidad me había dejado sin algo que desaba y que me habría hecho sentir orgullosa me deprimió. Quería demostrarme hasta dónde podía llegar y ni tan siquiera empecé la carrera. Pero me prometí que el sentimiento de decepción sólo podía durar una noche y hoy ha vuelto a ser un día de construir... De hacer planes y dibujar nuevas metas. Falta ponerlas sobre papel.
En los últimos tiempos sólo colecciono fracasos, pero los supero mejor. Mi actitud ante la vida ha sufrido una modificación cosntante: lenta pero segura. Cada vez sobrevivo a situaciones más duras con un coste más bajo. A cambio, sacrifico mi capacidad para sentir, pero sobrevivo mejor y me concentro en transmitir alegría. Intento ponerle las cosas fáciles a los que me rodean. Haciendo el balance y escuchando los consejos de los que me quieren: no pude ayer, pero puedo con muchas otras cosas.
Alguno de los nuevos objetivos es físico. Esto de hacer ejercicio (que no deporte, aún no he llegado a esa categoría) es supersano. Me hace sentir bien emocionalmente y mejor físicamente. Sé que mis ritmos son irrisorios para los deportistas de verdad, pero la bicicleta me hace disfrutar. Lo mejor, la subida. Cuando mi respiración se acelera tanto que la puedo oír. Que la tengo que gestionar para que coincida con los números que cuentan en mi cabeza. Cuando miro el suelo ante la rueda y veo que la pendiente es cada vez mayor, que faltan muchos metros hasta la curva siguiente por encima de mi cabeza. Cuando levanto la cabeza y entre los pinos se ve el Sol poniéndose y que eso no me ciegue la vista. Cuando llegando a la cima el paisaje cambia y en el horizonte se ve el Mar mientras mi corazón se va deshacelerando. Y las bajadas. Cuando la cuesta abajo se alarga y dudo entre apretar el freno o soltarlo. Cuando siento el aire o, mejor, el viento, en la cara. Cuando puedo ponerme de pié sobre la bicicleta y dejarme llevar... Sin pensar, o tal vez pensando alternadamente entre lo que veo y mis otros mundos. Viajando de la realidad a la conciencia. sí, definitivamente, me gusta la bici.
Sólo dos cafés al día.
En los últimos tiempos sólo colecciono fracasos, pero los supero mejor. Mi actitud ante la vida ha sufrido una modificación cosntante: lenta pero segura. Cada vez sobrevivo a situaciones más duras con un coste más bajo. A cambio, sacrifico mi capacidad para sentir, pero sobrevivo mejor y me concentro en transmitir alegría. Intento ponerle las cosas fáciles a los que me rodean. Haciendo el balance y escuchando los consejos de los que me quieren: no pude ayer, pero puedo con muchas otras cosas.
Alguno de los nuevos objetivos es físico. Esto de hacer ejercicio (que no deporte, aún no he llegado a esa categoría) es supersano. Me hace sentir bien emocionalmente y mejor físicamente. Sé que mis ritmos son irrisorios para los deportistas de verdad, pero la bicicleta me hace disfrutar. Lo mejor, la subida. Cuando mi respiración se acelera tanto que la puedo oír. Que la tengo que gestionar para que coincida con los números que cuentan en mi cabeza. Cuando miro el suelo ante la rueda y veo que la pendiente es cada vez mayor, que faltan muchos metros hasta la curva siguiente por encima de mi cabeza. Cuando levanto la cabeza y entre los pinos se ve el Sol poniéndose y que eso no me ciegue la vista. Cuando llegando a la cima el paisaje cambia y en el horizonte se ve el Mar mientras mi corazón se va deshacelerando. Y las bajadas. Cuando la cuesta abajo se alarga y dudo entre apretar el freno o soltarlo. Cuando siento el aire o, mejor, el viento, en la cara. Cuando puedo ponerme de pié sobre la bicicleta y dejarme llevar... Sin pensar, o tal vez pensando alternadamente entre lo que veo y mis otros mundos. Viajando de la realidad a la conciencia. sí, definitivamente, me gusta la bici.
Sólo dos cafés al día.
domingo, 7 de agosto de 2011
Cuidar de uno mismo
Increíble, pero he empezado a practicar el culto el cuerpo: yoga, playa, patines y bicicleta. Es deporte light, sólo aprovechar el tiempo disponible para llenarlo de actividad sana y en compañía de mi Alma. Hacía siglos que no iba en bici. Me encanta. Es infantil, cierto, pero también enérgico: liberas adrenalina, sonríes, sientes el aire en la cara, sudas, aceleras el corazón, te levantas sobre los pedales... Hoy lo he disfrutado especialmente; he visto como mi niña ha ido superando sus miedos y mejorando sus habilidades. Al principio, las subidas y los cambios la hacían lloriquear. Al final se sentía orgullosa de ella misma y de sus logros. También cansada, creo.
El Sol ha dorado mínimamente mi piel y tengo un aspecto muy saludable. De hecho, me veo guapa. Estar de vacaciones, morenita y tranquila me sienta bien (como a todo el Mundo, claro).
También me ha subido el ego. Entre otras cosas, hace unos días alguien me dedicó su tiempo, una conversación de confianza en que me explicó alguno de sus secretos. Yo aproveché para eplicar alguno mio y recibir de buen grado algún halago. Me sentí bien, interesante. Incluso he estructurado en mi cabeza un admirador secreto y me he sentido tan importante que una vez descartada la idea la he recuperado artificialmente.
Me despido sonriendo para mí misma. Hay que aprender a recibir todos los cariños: los imaginarios también.
El Sol ha dorado mínimamente mi piel y tengo un aspecto muy saludable. De hecho, me veo guapa. Estar de vacaciones, morenita y tranquila me sienta bien (como a todo el Mundo, claro).
También me ha subido el ego. Entre otras cosas, hace unos días alguien me dedicó su tiempo, una conversación de confianza en que me explicó alguno de sus secretos. Yo aproveché para eplicar alguno mio y recibir de buen grado algún halago. Me sentí bien, interesante. Incluso he estructurado en mi cabeza un admirador secreto y me he sentido tan importante que una vez descartada la idea la he recuperado artificialmente.
Me despido sonriendo para mí misma. Hay que aprender a recibir todos los cariños: los imaginarios también.
viernes, 5 de agosto de 2011
Calma y perplejidad
Una de las botellas ha vuelto a aparecer. Llevaba un mensaje como el mío:transparente y directo. Me ha provocado ciertas punzadas de dolor, pero después ha sido una especie de bálsamo de aceite. Creo que va a ser más fácil poner las bases para un acuerdo, aunque el resultado sea que acordemos enterrar el cadáver.
Sin café.
Sin café.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Volviendo a la realidad
Casi "in extremis", desde la Avenida de las Acacias de nuevo. Entre la Avenida de los Castaños y la Calle del Álamo. Soy un espíritu errante entre árboles y Mediterráneo.
He lanzado un mensaje en una botella. De hecho, varios. Uno de ellos en concreto es ambicioso, pero temo que fracasen. Temo que el ciclo se repita.
Sobreviviré (como siempre)
Poco café, últimamente.
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