domingo, 7 de agosto de 2011

Cuidar de uno mismo

Increíble, pero he empezado a practicar el culto el cuerpo: yoga, playa, patines y bicicleta. Es deporte light, sólo aprovechar el tiempo disponible para llenarlo de actividad sana y en compañía de mi Alma. Hacía siglos que no iba en bici. Me encanta. Es infantil, cierto, pero también enérgico: liberas adrenalina, sonríes, sientes el aire en la cara, sudas, aceleras el corazón, te levantas sobre los pedales... Hoy lo he disfrutado especialmente; he visto como mi niña ha ido superando sus miedos y mejorando sus habilidades. Al principio, las subidas y los cambios la hacían lloriquear. Al final se sentía orgullosa de ella misma y de sus logros. También cansada, creo.
El Sol ha dorado mínimamente mi piel y tengo un aspecto muy saludable. De hecho, me veo guapa. Estar de vacaciones, morenita y tranquila me sienta bien (como a todo el Mundo, claro).
También me ha subido el ego. Entre otras cosas, hace unos días alguien me dedicó su tiempo, una conversación de confianza en que me explicó alguno de sus secretos. Yo aproveché para eplicar alguno mio y recibir de buen grado algún halago. Me sentí bien, interesante. Incluso he estructurado en mi cabeza un admirador secreto y me he sentido tan importante que una vez descartada la idea la he recuperado artificialmente.

Me despido sonriendo para mí misma. Hay que aprender a recibir todos los cariños: los imaginarios también.

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