domingo, 28 de abril de 2013

Envíame un tweet

Me cruzo contigo y no sé qué decirte. Tú tampoco sabes qué decirme. Nos saludamos, nos paramos, nos miramos... y ante la evidencia de que no somos capaces de hilar una conversación de verdad, lo dejamos y nos despedimos.

Hace meses que no contestas a mis correos. Después de 3 intentos sin éxito, dejé de enviártelos. No quiero parecer (ser) una mujer desesperada. Estoy segura que con alguno de ellos te asusté. Tal vez me impliqué mucho (o te impliqué) en mis reflexiones personales. Prefiero creer eso a que te has echado novia y me ignoras por ello. Lo cual, por cierto, es más probable. Pero me temo que fuera mi modesto plan de acción para este año, un simple párrafo de sinceridad, lo que te asustó. Dejaste de responder, incluso algunos correos absolutamente inocentes de feliz cumpleaños o de admiración por tu gesta. Esperaba también yo una felicitación por la mía.

Como siempre, como cada vez que me concentro en ti, no sé si echo de menos tu cariño o echo de menos mis emociones. Supongo que ambos. Pero sí, te extraño.

Dedícame unas líneas, unas palabras. Vivimos conectados con el otro lado del planeta, pero tú te esfuerzas por ser invisible en el Mundo virtual. Sé que no te escondes de mí, si no de todas, pero eso no me consuela.