sábado, 6 de octubre de 2012

El equipo


Hace doce meses que empezamos a ser compañeros. Tal vez nos habíamos ido encontrado antes por este larguísimo camino de ser padres, pero el deporte nos ha involucrado en un proyecto común que tiene parada cada fin de semana. Y allí nos podías ver, con cierta distancia, compartiendo nervios, preocupaciones y anhelos (cada uno a su medida). 


Mirando de lejos me preguntaba qué teníamos en común. Cada jugador, cada familia que lo acompaña, tienen su propia historia. A parte de seguir a los que más queremos, no veía yo que tuviéramos esos padres y yo nada parecido. Está el silencioso tímido, risueño y responsable. Está el pacificador experimentado que nos va informando. Está el impaciente, ruidoso y nervioso. Está la Mamá voluntarista y colaboradora. Está la transparente, que todo lo explica. Está la tristona, ocupada y  cansada. Algunos niños-hermanos son también asiduos. Y así me encontré intentando recordar nombres y asociar hijos a padres. Poniendo a prueba a mi memoria. Buscando palabras amables para salir de mis silencios y pensando si dejar escapar mis nervios durante los partidos o mantener la discreción y la distancia. Poco a poco me fui relajando y descubriendo cómo mi adrenalina se puede alterar aunque sea en una liga infantil mañanera. Me gusta ver este deporte. Nunca he tenido condiciones para practicarlo, pero los valores del trabajo en equipo y la tensión en la pista me mantienen en vilo. A final, la vergüenza se fue diluyendo, aunque seguí sin identificar más que unos pocos puntos en común entre esos nuevos compañeros y yo.

Y hoy nos hemos vuelto a encontrar. La liga ya empezó. Sé que aún somos diferentes, pero qué extraño; hoy pensé que la familia había vuelto, que volvíamos a estar juntos y me sentí casi entre amigos. Eché de menos a alguno, incluso. Los seres humanos somos animales de costumbres y parece que este equipo está ya entre las mias. 

No me quiero engañar, los miedos siguen estando ahí. Nunca sabré lo que piensan los demás y no me gustaría que tuviéramos etiquetas por culpa de nuestra situación familiar o por mi forma de ser, pero no se puede (tampoco quiero) ocultar la realidad. Así que compartiré con estos amigos muchas semanas, porque esta aventura será larga, sospecho. Quiero que mi hija disfrute y supere etapas. El deporte es ideal para su cuerpo. Compartir y luchar es aún mejor para su espíritu. Ella decidirá cuando pone fin a esto, mientras tanto, espero tener muchos más sábados para conocer y aprender de mis compañeros.

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