De uvas a peras pasamos por allí. Pero de muchas uvas a muchas peras. Tantas, que la conversación se repite casi literal y somos incapaces de recordarla. Sólo yo creo darme cuenta que cada año revivo el mismo "deja vu".
En las contadas ocasiones en que el azar nos acerca al secarral de la montaña nos recordamos unos a otros lo que ya sabemos... " por aquí está el cridero de alacranes de papá". Ni es un criadero, ni jamás nadie vió un alacrán en él, ni tan siquiera podemos estar seguros de que sea de papá. De hecho, a buen seguro, si quisiéramos demostrar la propiedad de ese terreno no podríamos hacerlo. Posiblemente porque nunca fue nuestro. En la era del conocimiento digital a mi no se me ocurriría demostrar que yo soy yo o que tengo un derecho, aportando un papel. Y sin embargo, tengo unos papeles, o mejor, "escrituras", que demuestran que mi casa es mia y que guardo como oro en paño. Es decir, que necesitamos unas escrituras que por supuesto no tenemos.
Y me repite la misma historia: que "Fulanito" nos convenció que era un buen negocio, que lo parecía de verdad, que fíjate que sitio tan bueno, que mira qué vistas, que otra mucha gente se metió, que ya habían empezado a urbanizar. Y siempre nos prometemos que la próxima vez pararemos para verlo mejor y delimitar el espacio y sacar un plano. Seguremente, depués podremos hacernos una casa de estilo africano para disfrutar de la vista y pasaremos allí las vacaciones. Además tendremos una preciosa terraza con vistas al Mediterráneo para cenar. Y en las noches de Luna llena no podremos ver las estrellas, pero las otras sí. Y nos compraremos un telescopio que nos servirá para ver los barcos que viajan a Marruecos. Y será el sitio ideal para escribir una novela.
¡Despierta, cariño, que ya llegamos! Te has dormido justo cuando pasamos junto al criadero de alacranes de Papá...
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