Pasan los días sin más reflexiones profundas sobre qué hago por gusto y qué hago por inercia.
Me centro en las actividades de cada día. La máxima es el control. Yo mando, yo digo qué va a pasar, yo decido cuándo va a pasar. Si no puedo resolver un entuerto, pero puedo planificar cuando solventarlo, consigo cierta paz. Controlo la velocidad de mi corazón y consigo que no se acelere.
Sé que ese control es más un deseo que una realidad, pero una solución, al fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario