Hoy he hablado con dos personas enamoradas de su trabajo. Llevan menos de un año trabajando, así que no han tenido aún opción de cansarse. Cobran poco dinero, y lo saben, y les disgusta. Pero creen que son útiles. Que su trabajo es un bien para la sociedad. Saben cómo y por qué lo hacen. Se esfuerzan por hacerlo bien. Se apenan en cada llamada y se esfuerzan por solucionar los pequeños problema de la gente con grandes problemas.
Me parecieron tiernas, pero fuertes. Las admiro.
La vida así puede tener sentido. Estas ONGs y voluntarias anónimas confirman mi realidad de que la gente buena existe.
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