Durante el silencio nocturno, cualquier sonido resulta tremendo.
Escucho lejanos (y no tanto) los coches. Son minutos escasos en que buscan un sitio para aparcar, maniobran y paran. Después siento la puerta, o las puertas de sus ocupantes, sus trajines, sus voces, sus llaves, sus pasos: cuanta información sobre nosotros mismos vamos derramando al pasar... Pero eso no me altera, sólo me recuerada que no estoy sola.
Atiendo a los gatos. Inician unos maullidos terribles. ¿son heridas o cortejos? Los acecho, pero desaparecen de mis oídos en segundos y me pregunto ¿huyó el gato o se tranquilizó?
Siento pasos sobre mi cabeza, son descalzos, pero enérgicos. En algún lugar debe balbucear un niño y yo no alcanzo a escucharlo. Tal vez su madre lo visita precisamente porque no lo escucha, tampoco.
Y ahora... un golpe seco al otro lado de mi puerta. Diría que lejano, pero en el interior del edificio; seguro. Un rumor de voces, primero quedas, luego fuertes, pero nada claras. ¿qué pasa? ¿se pelean? están neviosos pero no parecen enfrentados, nuevas voces, más jóvenes, tal vez niños. Los hombres callan o bajan el volumen de sus gritos. Un nuevo golpe, menos fuerte que el anterior. Unos pasos corren ¿bajan? por las escaleras. Se acercan a mi puerta ???? Se alejan!!!! Un coche acelera y gira en trompo, sus ruedas se deslizan sobre la tierra y se golpea, pero sigue acelerando. Se oye un nuevo golpe, una puerta. Por la vibración de los cristales reconozco la puerta del portal. Dos gritos, esta vez inteligibles:¡ESTOY AQUÍ, MIERDA! ¡ESTOY AQUÍ!
Silencio.
...
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