domingo, 13 de junio de 2010

Soy una cobarde

Durante el silencio nocturno, cualquier sonido resulta tremendo.

Escucho lejanos (y no tanto) los coches. Son minutos escasos en que buscan un sitio para aparcar, maniobran y paran. Después siento la puerta, o las puertas de sus ocupantes, sus trajines, sus voces, sus llaves, sus pasos: cuanta información sobre nosotros mismos vamos derramando al pasar... Pero eso no me altera, sólo me recuerada que no estoy sola.

Atiendo a los gatos. Inician unos maullidos terribles. ¿son heridas o cortejos? Los acecho, pero desaparecen de mis oídos en segundos y me pregunto ¿huyó el gato o se tranquilizó?

Siento pasos sobre mi cabeza, son descalzos, pero enérgicos. En algún lugar debe balbucear un niño y yo no alcanzo a escucharlo. Tal vez su madre lo visita precisamente porque no lo escucha, tampoco.

Y ahora... un golpe seco al otro lado de mi puerta. Diría que lejano, pero en el interior del edificio; seguro. Un rumor de voces, primero quedas, luego fuertes, pero nada claras. ¿qué pasa? ¿se pelean? están neviosos pero no parecen enfrentados, nuevas voces, más jóvenes, tal vez niños. Los hombres callan o bajan el volumen de sus gritos. Un nuevo golpe, menos fuerte que el anterior. Unos pasos corren ¿bajan? por las escaleras. Se acercan a mi puerta ???? Se alejan!!!! Un coche acelera y gira en trompo, sus ruedas se deslizan sobre la tierra y se golpea, pero sigue acelerando. Se oye un nuevo golpe, una puerta. Por la vibración de los cristales reconozco la puerta del portal. Dos gritos, esta vez inteligibles:¡ESTOY AQUÍ, MIERDA! ¡ESTOY AQUÍ!

Silencio.

...

No hay comentarios:

Publicar un comentario